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Estudiar o trabajar con música

Buenos días, guerreros, y bienvenidos un miércoles más a mi pequeño rincón de internet. Hoy os quiero hablar sobre mi experiencia personal estudiando y trabajando con música. Allá vamos.

El silencio absoluto

Hubo un tiempo en el que me costaba concentrarme con el ruido de la calle. Había obras cerca de mi casa (están construyendo un edificio al otro lado de la calle, ya os podéis imaginar), los vecinos también hacían ruido y, claro, cómo no, los niños de la privada de abajo no os quiero ni contar lo molestos que son, gritando y chillando mientras juegan. Eso hace, por supuesto, que tu rendimiento baje considerablemente y que sea mucho más complicado concentrarse en tareas que requieren mucho esfuerzo intelectual.

¿Qué hice para apagar todos esos ruidos? Comprarme unos tapones para los oídos. Ya los he usado en otras épocas de mi vida estudiantil y hay a veces en las que los agradeces inmensamente. Cuando se acerca una fecha límite y todo se pone en tu contra, encontrar la paz necesaria solo se consigue con métodos extrínsecos.

Pero hay ocasiones en las que unos simples tapones para los oídos no consiguen mitigar todo el ruido que hay alrededor. Necesitas algo más, algo que te haga sentir aún más aislado del mundo. Y ese algo son unos cascos antirruidos. Combinando los tapones y los cascos, parece que el silencio te va a engullir. Es una maravilla. Aunque todo tiene sus contras y esto no puede ser menos.

A mí me hacían daño los tapones en los oídos cuando llevaba mucho tiempo con ellos puestos. Con mucho tiempo me refiero a un par de horas. Solía no ponérmelos cuando me compré los castos antirruidos. Eran más cómodos para según qué cosas (ponértelos y quitártelos, principalmente) y te dan una mayor sensación de abstracción. Pero también resultan algo molestos porque aprietan un poco. Al final, conseguir el silencio era un suplicio.

Haciendo pruebas

Una de las etapas más productivas que he tenido fue hace un año y medio, más o menos, cuando participé en el NaNoWriMo de 2017 y conseguí terminarlo. Una de las cosas que utilicé para poder concentrarme en escribir fue la música. Me ponía una lista de Spotify con jazz y la dejaba sonar de fondo, a un volumen bajo, que me relajara, pero que no me distrajera de mi tarea. El resultado, sin duda, no pudo ser mejor.

El año pasado, por estas mismas fechas, me puse las pilas con los estudios. Estudiar desde casa no es nada sencillo y hay que crear un buen ambiente para poder avanzar como uno pretende. Cuando vi que lo de la insonorización no surtía el efecto deseado (no siempre se puede conseguir lo que uno busca), decidí poner música de nuevo en mi estudio. Una vez más, Spotify y sus listas me salvaron. Encontré una lista de música clásica (creo que era esta) y me ayudó mucho a estudiar. Por fin podía avanzar en mis sesiones.

Tengo que admitir que lo más habitual es que tenga algo de música puesta. Aunque no lo parezca, si elegimos una buena música (yo necesito que sea solo instrumental, nada de voces, porque me distraen), podemos ser más productivos y conseguir unos mejores resultados. Ahora, en el trabajo, cuando tengo que escribir un artículo y mis compañeras están hablando, me pongo los cascos y ya está. Es una buena forma de concentrarse y os lo recomiendo.

¿Y vosotros? ¿Estudiáis o trabajáis con música? ¿Cuál ha sido vuestra experiencia buscando el silencio extremo? Espero que me lo contéis en los comentarios y que tengáis un maravilloso miércoles. Nos leemos la semana que viene.

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