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Organización y productividad,  Valkyria Style

Por qué llevar siempre una libreta

Muy buenas, mis valientes guerreros. Hoy quiero hablaros de lo importante que es llevar siempre una libreta encima. Seguro que más de una vez os ha pasado que tenéis un momento de inspiración y, ¡horror!, ¿dónde está el cuaderno? Para que no os pase esto, os voy a dar unos cuantos consejos y motivos para tener siempre una libreta a mano.

La oportunidad la pintan calva

Voy a aprovechar refrán y símbolo del imaginario popular para, por un lado, explicárosla y, por otro, para daros un motivo para llevar un cuaderno. Esta metáfora sobre la oportunidad se remonta a la Antigua Roma, donde a la Diosa Ocasión (oportunidad) se la dibujaba con un único mechón de cabello que le caía por la frente y sin más pelo, es decir, era calva. Hacía una referencia a que, si aparecía la ocasión, tenías que ser rápido y hábil para poder cogerla de ese único mechón. Por eso, cuando algo se nos pasa por la cabeza, debemos tener algo para apuntarlo y que no se nos escape.

A lo largo del día tenemos miles de pensamientos. Muchos de ellos se esfuman en pocos segundos, cuando dejamos que pasen de largo y otros ocupan su lugar. Seguro que os ha pasado alguna vez que estáis, por ejemplo, en la ducha o fregando los platos y estáis reflexionando acerca de un problema que no habéis sido capaces de resolver y, eureka, ya tenéis la solución en un abrir y cerrar de ojos. Cuando termináis la tarea que estabais realizando, os dais cuenta de que esa pedazo de idea genial que habíais tenido se ha esfumado sin dejar rastro y luego cuesta un buen rato de pensar y repensar que la idea vuelva a nosotros.  Sí, cierto, no nos vamos a llevar un cuaderno a la ducha, pero hay otras muchas ocasiones en las que tenemos grandes ideas y no las apuntamos. Confiamos en que nuestro cerebro es lo suficientemente listo como para retener y guardar esa idea, pero, amigos míos, no todo lo que brilla es oro y nuestro cerebro muchas veces nos traiciona. Por lo tanto, si dejamos nuestros pensamientos por escrito, no correremos el riesgo de perderlos en un futuro próximo.

Expande tu creatividad

Si sois de los míos y os dedicáis a escribir o, mejor aún, dibujáis, llevar una libreta siempre con vosotros os hará mejorar mucho en esta área. Ya os podéis olvidar de ratos muertos: solo tenéis que sacar el cuaderno y empezar a crear. Al cabo de un tiempo, veréis que tenéis más ideas, afianzaréis el hábito de escribir o dibujar si lo ejercitáis a menudo (es más fácil cuando siempre llevas contigo los materiales necesarios) y mejoraréis en vuestra habilidad. Poder dar rienda suelta a la creatividad es una de las mejores maneras de ser creativos, aunque parezca una obviedad.

Un registro muy útil

Como os comentaba en mi artículo de la semana pasada, cuando nos encontramos en momentos complicados y queremos hacer una retrospectiva de lo ocurrido, dejamos a la memoria fluir y esta muchas veces nos falla. Mantener un registro de nuestras actividades, emociones, pensamientos o cualquier cosa que queramos nos será muy útil tanto en el presente como en el futuro. ¿Quieres comprobar lo que haces cada día? Escríbelo. ¿Quieres que no se te escapen las ideas? Escríbelo. ¿Te han recomendado una película? Apúntala. ¿Quieres saber si comes suficientes verduras? Escribe lo que comes. Es así de sencillo: apunta todo aquello que creas que te va a ser útil en un futuro.

Pero entiendo que os resulte complicado hacer este tipo de ejercicios. A mí me ocurre, no os lo voy a negar, y tengo rachas de apuntar casi cualquier cosa y rachas en las que no cojo un bolígrafo ni por casualidad. Pero muchas veces ese tipo de resistencia se debe, precisamente, a que no tenemos los materiales adecuados ni la disposición adecuada de los mismos. Para mí esto es una de las claves para que funcione un registro. Debéis encontrar la manera de que vuestra libreta se encuentre siempre a mano, que sea muy fácil su uso y que os permita una versatilidad acorde a vuestro estilo de vida. Para mí, lo que ha funcionado los últimos años es dejar mi libreta abierta encima de mi mesa, tanto en la oficina como en casa. Si tengo el cuaderno cerca de mí y abierto por la página que estoy escribiendo, con un bolígrafo al lado, es casi imposible que no escriba algo. Pero, como os digo, esto es cuestión de ensayo y error.

Elegir la libreta perfecta

Si ya os he convencido para que empecéis a llevar con vosotros una libreta, ahora llega el momento más peliagudo del asunto: ¿qué cuaderno escojo? ¿Me compro algo especial o elijo algo que ya tenga por casa? ¿Qué tamaño es el adecuado? ¿Y no vale el móvil? No, en serio, ¿no vale el móvil? Vamos a ir de menos a más y vamos a comenzar por la última de las preguntas.

 ¿Y no vale el móvil?

En esta época en la que vivimos, tenemos nuestro teléfono móvil hasta en las situaciones más insospechadas. Creo que el único sito donde no lo metemos es en la ducha y en piscina, pero nos lo llevamos hasta el baño. Y os diría, además, que más de uno de vosotros se ducha con la música puesta en el móvil, así que es algo que tenemos siempre a mano. Entonces, ¿no podemos utilizar el móvil para apuntarlo todo? Bueno, démosle la vuelta a la pregunta: ¿estás escribiendo algo en tu móvil? Todos tenemos alguna aplicación de notas en el móvil, da igual el nombre que tenga: todos tenemos una. Pero, ¿cuántos de vosotros la usa? Yo utilizo OneNote porque me permite tener todos mis dispositivos conectados y así tengo disponibles todas mis notas en todos ellos. ¿Cuál es la realidad? Que apenas uso esa aplicación para apuntar cosas, ni en casa, ni en el trabajo ni fuera de ambos. No forma parte de mi sistema, per se, pero me sirve como referencia cuando no tengo nada más a mano para apuntar.

Os pongo un ejemplo sobre esto. Hace un par de semanas me monté mi cockpit de simracing (una cabina de simulación de conducción – os haré una reseña dentro de unos meses, cuando ya le haya cogido el tranquillo) y estaba dando vueltas por Spa-Francorchamps, el famoso circuito de Bélgica, uno de mis favoritos. Llevaba un par de días dando vueltas por el circuito, intentando acostumbrarme a la conducción y, cuando ya conseguía mantener el coche en la pista, hice mi vuelta rápida, la más rápida que había conseguido hacer en el tiempo que llevo con el cockpit. No tenía nada para apuntarlo, salvo el móvil. Abrí mi OneNote y apunté la fecha, el modelo del coche que estaba usando y el tiempo, además del circuito, claro.

¿Invalida esto, entonces, mi premisa sobre los cuadernos? En absoluto. El móvil es una herramienta más que podemos utilizar, pero, por un lado, no nos va a ser suficiente en ciertas ocasiones (sobre todo si sois creativos) y, por otro, el placer que produce garabatear algo en un papel no nos lo va a quitar nadie. Tanto el cuaderno como el móvil pueden ser herramientas compatibles y complementarias, siempre y cuando las usemos bien.

¿Qué cuaderno escojo?

Si te has decidido a utilizar un cuaderno, felicidades, espero que esto te ayude mucho en tu día a día.

Elegir un cuaderno siempre es una tarea compleja. ¿De líneas, blanco, de cuadrícula o de puntos? ¿Qué tamaño? ¿Vale cualquier cuaderno? La respuesta a todas estas preguntas es sencilla: elige lo que más se adapte a ti y que sepas que vas a llevar contigo en todo momento (o casi todo).

Y ahora viene el ejemplo, por supuesto. Uno de los cuadernos de la entrada anterior, el de color fucsia, que contiene gran parte de mis pensamientos de 2018, se pasó dos meses encima de mi escritorio. En serio, no os miento. Antes de que consiguiera escribir una sola palabra, el cuaderno estuvo dos meses sobre el escritorio sin que lo tocara. Es un claro caso de miedo a equivocarse. No quería dejarlo a medias, escribiendo cualquier cosas, emborronando cuatro o cinco hojas y que se quedara ahí, muerto del asco. En parte, tuve razón y me pasé algún tiempo sin apuntar demasiado en él, pero hay que perder el miedo a equivocarse y a la página en blanco, otro gran enemigo. Acabé escribiendo en él lo que me apetecía. Tengo anotaciones de libros, películas, poemas, pinturas (sí, pinturas, en serio)… Tiene todavía entradas de cine pegadas, las etiquetas del té o pegatinas. Ya no necesitaba tener miedo, lo había superado porque necesitaba ensuciar ese cuaderno. Para algo está y no iba a permanecer inmaculado para siempre. (Y sí, está a medias, como os dije el otro día, pero no pasa nada.)

Un cuaderno que vamos a usar a diario, que necesitamos tener siempre con nosotros, no es necesario que sea nuevo, ni que tenga nada en especial. Necesitamos tener la certeza de que lo vamos a llevar siempre con nosotros. El tamaño, entonces, aquí es muy importante. No os recomiendo cuadernos de tamaño grande, tipo A4 ni planners de anillas. Los cuadernos A4 son bastante grandes (son más de 30cm de alto) y pueden ser difíciles de transportar todo el día. Los planners de anillas tienen el inconveniente de que, aunque las hojas, por ejemplo, sean tamaño A6, el conjunto del planner es muchísimo más grande que un cuaderno de ese tamaño. Os dejo una comparación de mi planner A6 de Charuca (el de color verde menta, que adoro con toda mi alma, eso no lo puedo negar), mi planner A5 también de Charuca (negro con topos blancos) y un cuaderno A5 tipo libro (como los de Moleskine o Leuchtturm1917). Y sí, las comparaciones son odiosas…

Para mí, el mejor tamaño es el A5. No es demasiado grande, por lo que lo puedes meter sin problemas en casi cualquier bolso o mochila, tiene un buen tamaño de página en la que te caben bastantes cosas (incluyendo dibujos o pegatinas, por ejemplo) y no pesa media tonelada. Es el tamaño más versátil. El A6, como podéis ver en las hojas que os enseño del planner, no permite la misma flexibilidad a la hora de escribir que el A5. Al ser la mitad de la hoja, gastas muchísimo más papel y ocupa más espacio. El A5 es un tamaño muy cómodo, sirve para casi cualquier cosa y es muy manejable.

Ahora bien, si bien os recomiendo este tamaño, también os digo que no os recomiendo compraros un cuaderno para hacer la prueba. Si no tenéis de este tipo de cuadernos a mano, utilizad uno normal y corriente, del mismo tamaño A5, como los que usábamos en el colegio. Sí, esos de anillas que puedes encontrar en el bazar de la esquina por 75 céntimos. Y solo os recomiendo que lo compréis si no tenéis ningún cuaderno a mano. No hay mayor despilfarro que comprar algo que no vamos a utilizar, por lo que, para hacer la prueba, es mejor usar algo que ya tengamos. Así, si no nos funciona, pues no habremos gastado dinero en vano. Si os funciona, podéis hacer la inversión que creáis más conveniente.

Bueno, guerreros, creo que ya me he extendido suficiente por hoy. ¿Os habéis decidido por pasaros al método analógico para apuntar las cosas o sois de los que usáis el móvil? Espero vuestros comentarios. 😉

Soy escritora. Siempre me ha gustado la literatura, desde que era muy pequeña. También, desde hace algunos años, me gusta el deporte. Soy aficionada a la música y al cine. Aquí os cuento un pequeño fragmento de mi vida que quiero compartir con el mundo.

3 Comentarios

  • Isa G.

    Buenas.

    La verdad es que soy tan amante de las libretas que siempre llevo una encima. La que uso ahora es pequeñita, A6, pero la compré cuando estaba escribiendo mi último poemario, un día que fue a una librería a recoger un encargo. Venía de apuntarme en notas del móvil un poema que había improvisado en plena calle y cuando entré en la librería sabía que tenía que salir con un cuaderno nuevo. Es muy especial por eso.

    El móvil suelo usarlo en contextos en que no tengo papel a mano. Pero en realidad no hay nada como abrir el cuaderno con calma donde sea y dejarme llevar, escribir sin parar. Es hasta curativo.

    Un saludo, nos leemos.

    • Valkyria Kára

      ¡Hola, Isi! Bueno, en parte, esta entrada es culpa tuya. 😛 Desde hace años que te leí un artículo sobre el tema, siempre tengo un cuaderno cerca. Una libreta A6 me parece pequeña, pero entiendo que para escribir un poema se necesita menos espacio. Yo tengo mi Charuca A6 por eso, porque hay cosas, como las listas de tareas, que no requieren mucho más tamaño. Pero, para mí, la ganadora será siempre la A5. 😉
      Muchas gracias por pasarte y comentar.
      Un abrazo fuerte.

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