¿Falta de tiempo o de prioridad?

Muy buenas, mis valientes guerreros. Muchas veces pensamos que no tenemos tiempo para hacer lo que queremos hacer, pero ¿es eso cierto o es que no es nuestra prioridad? Hoy voy a daros algunas claves para saber si es falta de tiempo o falta de prioridad. ¡Vamos allá!

Distinguir la falta de tiempo de la falta de prioridad

En ocasiones, el error más común a la hora de no llevar a cabo ciertas acciones es que no se encuentran en nuestra lista de prioridades y no en la falta de tiempo. Cuando esto ocurre, es difícil darse cuenta de si es realmente falta de prioridad o de tiempo, pero hay un ejercicio que nos puede ayudar para saberlo: crear una lista de prioridades.

Lista de prioridades

Todos tenemos las mismas horas en el día, pero nuestras prioridades y obligaciones varían mucho. Por eso, tu lista de prioridades diferirá, incluso, de la persona más cercana. Hay ciertas cosas en la que coincidimos todos (trabajar, por ejemplo), pero habrá siempre proyectos personales que serán únicos y la forma de enfocarlos, también. Veamos algunos ejemplos de prioridades:

  • Trabajar (obligación ineludible)
  • Escribir una novela (proyecto personal)
  • Hacer ejercicio (prioridad personal)
  • Cocinar (prioridad personal)
  • Hacer crecer un canal de Youtube (proyecto personal)
  • Dormir (obligación fisiológica ineludible)
  • Meditar (prioridad personal)

Como veis, he dividido las acciones en tres tipos:

  • Obligación: es algo que tenemos que hacer, queramos o no. Trabajar y dormir son cosas que debemos hacer, aunque no nos gusten o nos parezcan una pérdida de tiempo, ya que necesitamos ganar dinero para vivir y necesitamos descansar para seguir viviendo.
  • Prioridad personal: esto lo relaciono con mantener un estilo de vida saludable. Hacer ejercicio, cocinar nuestra propia comida y meditar son cosas que nos ayudan física y mentalmente a estar mejor. No son cosas que sean obligatorias, pero si las realizamos de forma recurrente, suponen un cambio radical en nuestra vida y son muy beneficiosas.
  • Proyecto personal: este punto está ligado a nuestras metas y objetivos personales. Quizás no te interese el mundo digital y tu meta sea leer 50 libros en un año o ver 100 películas, por ejemplo. También puede ser que quieras aprender a pintar y crear tus propias obras pictóricas. O, quién sabe, lo mismo lo tuyo es el ganchillo o restaurar casas. Ese tipo de cosas son proyectos personales que pueden diferir mucho de una persona a otra y suelen las típicas cosas que decimos que queremos hacer, pero no tenemos tiempo para llevar a cabo.

¿Qué ocurre con los proyectos personales?

Si nuestro tiempo habitual no contempla estos proyectos personales, puede ser que tengamos uno de los siguientes problemas:

  • El objetivo sea demasiado abrumador y nos cueste empezar
  • No tengamos objetivo
  • No sea una tarea desafiante
  • No nos motiva el desafío
  • No sea algo prioritario

El objetivo abrumador

Cuando nuestros proyectos son muy grandes, descomunales, nos sentimos intimidados y nos cuesta mucho dar el primer paso, dado que no tenemos claro que el final vaya a encontrarse cerca y es algo que nos da miedo. También podemos tener miedo al fracaso, dado que una tarea de gran envergadura puede suponer un gran reto o un gran fracaso y, en algunos casos, ni siquiera lo intentamos por ese miedo a fracasar. ¿Qué hacer en estos casos? Dividir el objetivo.

Cuando dividimos los objetivos en metas más pequeñas y abarcables, el proyecto se vuelve mucho más asequible y nos permite centrarnos en una sola cosa: la meta que tenemos delante. Si tu objetivo es perder peso, por ejemplo, y tienes que perder 30kg, será mucho más motivador que pienses en perder los primeros dos kilos que el total de ellos. Si tu objetivo es tener una página web de éxito, las primeras 50 visitas recurrentes pueden ser un buen punto de partida para ir escalando. Si tu objetivo es escribir un libro, escribir la primera página ya es un primer paso asumible. Si tu objetivo es leer 50 libros, leer un primer libro corto te puede dar la energía para seguir avanzando. Y así podemos hacer con cualquier objetivo.

Falta de objetivo

Seguro que alguna vez os ha sucedido que habéis decidido hacer un cambio en vuestra vida, por ejemplo, comer más sano, y no sabíais por dónde empezar. Os ponéis a buscar información y al final acabáis saturados, viendo que todo es demasiado complicado y seguís con vuestros hábitos. Esto da lugar a dos cosas: la carencia de un objetivo realista y la falta de prioridad, dado que no vemos ese cambio o acción como necesario.

Ante la falta de un objetivo realista, tenemos que informarnos, sí, pero sin pasarnos. El exceso de información puede bloquearnos y el resultado es peor, dado que no empezaremos el proyecto. ¿Quieres comer más sano? Empieza quitando los refrescos y el azúcar poco a poco. ¿Quieres correr un maratón? Empieza por correr el primer kilómetro. ¿Quieres estudiar una carrera? Apúntate a las primeras asignaturas. Al final, el resultado es que nuestro objetivo está difuminado por lo inabarcable y debemos seguir el mismo proceso que en el apartado anterior: buscar las metas más pequeñaspara emprender el camino.

Pero, ¿y si es realmente una falta de prioridad?

Cuando no encontramos ese tiempo que buscamos, aunque tengamos el objetivo dividido en metas más pequeñas, quizás es algo que estamos procrastinando porque no nos interesa hacerlo en este momento. Un ejemplo puede ser volver a estudiar o reciclarse cuando se está trabajando. Llegar del trabajo después de una 9-10h fuera de casa para ponerse a estudiar no es algo que deleite demasiado, aunque el objetivo sea una oposición para una plaza en el Estado o un mejor puesto en la compañía en la que trabajamos. Es algo que nos requiere un gran esfuerzo y la recompensa, aunque sea muy buena, a veces no es suficiente (falta de motivación, como veremos más adelante). Entonces, aunque nos gustaría llegar a esa recompensa, no nos resulta rentable y se queda fuera de nuestras prioridades diarias, de modo que cada día que pasa estamos más lejos de ese objetivo.

Algo no es prioritario cuando para nosotros no es necesario. Algo se vuelve necesario cuando es condición sine qua non para seguir adelante. Os pongo un ejemplo muy interesante y que vosotros mismos podéis ver. Hace unos días estuve viendo el programa Mi vida con 300kg. Contaban la historia de un chico, Ryan, de 31 años, que pesaba más de 300kg. Ryan se puso en contacto con el doctor para cambiar su vida, pero, con el paso de los meses, la promesa del cambio se iba diluyendo en la mente de Ryan. En más de tres meses no había logrado alcanzar el objetivo propuesto y pasado el cuarto mes, las cosas fueron empeorando, dado que él no hacía el esfuerzo. Comía a escondidas y luego echaba la culpa a otros. Llegado el séptimo mes, Ryan ya no contestaba al doctor y desde entonces hasta el décimo mes, cuando concluye el programa, el doctor no había vuelto a saber nada de él. Solo quería lavar su conciencia, decir que lo ha intentado y respaldar que no puede hacer nada para cambiar. Estamos hablando de una persona que tiene un serio y grave problema de salud y que sabe que va a morir joven por ese mismo problema. Es algo que tiene solución, pero el camino fácil está ahí, es seguir igual, sin cambiar nada, a pesar de los problemas que te está ocasionando esa vida. Por eso, cuando algo no es prioritario para nosotros, por muy mal que estemos, si no lo vemos como algo necesario e importante, no lo tendremos en cuenta. Seguiremos por el camino que llevamos, aunque queramos otra cosa, aunque nos mintamos y digamos que queremos cambiarlo. Si no cogemos las riendas y de verdad hacemos el cambio, seguiremos el mismo camino de autodestrucción que Ryan.

Falta de motivación y de desafío

La motivación es un tema muy controvertido. Cuando algo dentro de ti te empuja a cambiar, a hacer algo, a ponerte en marcha, eso es motivación. Pero la motivación es un tanto efímera y puede irse más pronto de lo que pensamos. Para cuando eso ocurre, si tenemos bien asentado el objetivo en nuestra mente, tendremos que tirar de disciplina. Porque siempre habrá cosas que no queramos hacer, pero que son completamente necesarias para alcanzar nuestros sueños.

La motivación y el desafío son la misma cara de una moneda. Cuando vemos que algo es desafiante, nos sentimos motivados a poner a prueba nuestros límites. El propio desafío es nuestra motivación. Si una tarea o un objetivo no nos plantea ningún tipo de desafío ni motivación, tenderemos a no darle importancia y será más complicado que lo llevemos a cabo. Incluso, se puede dar el caso de que no nos interese en absoluto y tengamos que poner nuestro foco en otro tipo de retos. Como se suele decir algunas veces, si tus sueños no te dan un poco de miedo, es que no son verdaderos sueños.

Pero, ¿y si es falta de tiempo?

Si viendo todo lo anterior llegamos a la conclusión de que algo es realmente importante para nosotros, pero no tenemos tiempo para hacerlo, es muy posible que no sea el momento adecuado para emprender el proyecto o el proyecto siga sin ser lo bastante importante. Cuando hablamos de gestionar el tiempo, finito y el mismo para todos, hablamos de las prioridades, como ya hemos visto. Si una tarea es prioritaria, encontraremos el hueco necesario para poder trabajar en ella. Pero, si nos encontramos ante una falta de tiempo real, tendremos que sacrificar el tiempo que dedicamos a una cosa para hacer otra. Os pongo un ejemplo sencillo. Si cada día le dedicamos 20 minutos a ver las redes sociales, otros 20 minutos a ver un capítulo de una serie y otros 20 minutos a tomarnos un café con música suave de fondo, estamos dedicando una hora de nuestro tiempo a descansar y relajarnos. Si los primeros 20 minutos, los de las redes sociales, los acortamos a 10, tendremos 10 minutos para hacer otra cosa. Si le quitamos al café 5 minutos, ya tendremos un cuarto de hora para emplear en esa otra cosa que queremos hacer. 15 minutos cada día nos dan un total de 105 minutos a la semana, lo que equivale a 1h y 35 minutos. Al mes, serían 450 minutos, 7 horas y media. Al año90 horas. ¿Sigue siendo falta de tiempo?

15 minutos al día no son una gran inversión de tiempo, pero, una vez acumulado todo ese tiempo, tenemos más de una semana de trabajo. En una semana se pueden hacer muchas cosas y, sobre todo, cuando es algo para ti, que te gusta y tienes ganas de hacer, el resultado es mucho más satisfactorio. Y solo estamos empleando 15 minutos. ¿Os imagináis lo que sería emplear más tiempo? Pensadlo. Quizás os haga darle prioridad a ese proyecto que tenéis pendiente desde hace mucho tiempo.

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