Cuando se acaba la motivación: la disciplina

¿Cuántas veces te ha pasado que empiezas algo con muchas ganas y mucha motivación pero a los pocos días o semanas lo abandonas? A mí me ha pasado muchas veces, no os voy a mentir. Pero llega un momento en el que necesitas tomar las riendas de tu vida y poner un poco de orden para que todo marche acorde con el objetivo que te has marcado. Graba esa palabra en piedra porque es fundamental para cualquier proyecto que emprendas, sea del carácter que sea.

El objetivo

Cada vez que leo o escucho esta palabra, objetivo, me viene siempre la misma escena a la memoria: la lucha de los clones del agente Smith contra Neo en Matrix Reload cuando se marcha el Oráculo con Seraph. Seguro que si habéis visto la película, sabéis de lo que os hablo. Para mí, al igual que para el agente Smith, el objetivo es lo que tiene más peso siempre. Os pongo un ejemplo. Ahora que estoy en mi fase de pérdida de peso número siete mil doscientos cincuenta y cuatro (número aleatorio que acabo de sacarme de la manga, pero entendéis perfectamente lo que quiero decir —bendita inferencia—), lo que me hace avanzar cada días desde el 10 de febrero es la consecución de ese objetivo final que es mi peso ideal, el cuerpo que quiero tener y la idea de ser la mejor versión de mí misma. Eso me hace levantarme a las 6am para ir al gimnasio, que no pique entre horas o que me dé igual lo que esté comiendo mi novio en ese momento (hasta cierto punto, claro, que sigo siendo humana). Pero, ¿es realmente el objetivo lo que me mueve? ¿Es la motivación o la disciplina? Vayamos por partes…

La motivación

Me gusta definir la motivación como ese primer empuje que te hace moverte, que quieras emprender un nuevo proyecto que te lleve a conseguir ese objetivo que tienes en mente. Son esas ganas iniciales, esa ilusión de empezar algo, ese no sé qué que tanto nos gusta cuando estamos haciendo algo que nos impulsa a avanzar. Todos hemos sentido alguna vez esa sensación. Es maravillosa, ¿verdad? Nos hace salir de nuestra zona de confort y nos ayuda a dar los primeros pasos de un largo camino. Pero, pasado un tiempo, esa ilusión se esfuma. A veces los resultados no son lo que esperábamos o no llegamos a verlos, aunque estén ahí. Pero si seguimos queriendo llegar al objetivo, ¿qué hacemos?

La disciplina

¿Os ha pasado alguna vez que sabéis que tenéis que hacer algo pero no os apetece en absoluto, pero, aun así, lo hacéis? Eso es la disciplina: hacer cosas que son necesarias para llegar al objetivo que nos hemos propuesto.

En ocasiones, nuestro objetivos son muy grandes y esa motivación inicial puede acabar en una fase temprana, pero es ahí cuando interviene la disciplina. Poco a poco debemos ir entrenándola, teniendo muy presente qué es lo que queremos, por qué lo queremos y cómo queremos llegar hasta ello.

Cómo ser más disciplinado

Voy a daros algunos consejos que a mí me funcionan para no abandonar mi objetivo y seguir adelante.

  1. Necesitas una razón de peso. No vale cualquier porqué, necesitas uno que realmente quieras conseguir, que luches por llegar hasta ello con uñas y dientes.
  2. Empieza poco a poco. De nada sirve pegarse una jornada maratoniana en el gimnasio si no vas a volver a ir en un mes. Haz las cosas paso a paso, aumentando poco a poco la intensidad. Al principio no te costará mucho y eso es lo que te hará ser disciplinado cuando los pasos sean más grandes. En nuestro ejemplo del gimnasio, empieza con tres días por semana y ve aumentando. Si lo que quieres es escribir, ponte una meta diaria o semanal de palabras o tiempo e intenta cumplirla. Con el tiempo podrás llegar a cosas mucho más grandes.
  3. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Si tienes una tarea pendiente, hazla en cuanto te sea posible. Cuanto más postergues las cosas, más te costará hacer ciertas tareas.
  4. Organiza tu objetivo en metas más pequeñas. Subdividir las metas es muy útil cuando hablamos de objetivos bastante lejanos. Si lo que quieres es perder 10kg, divide el objetivo en cinco metas de dos kilos, por ejemplo. Eso te ayudará a ver el progreso de forma más objetiva y te motivará también para seguir siendo disciplinado.
  5. Piensa en lo que ganas haciendo lo que tienes que hacer. A mí me pasa muchos días que pienso que me encantaría comerme una pizza o una hamburguesa, pero luego recapacito y veo que eso lo único que consigue es alejarme de mi objetivo. Si los pasos que das no te acerca a tu objetivo, es que no son los pasos adecuados. Hay que tener siempre presente que lo que tenemos que hacer es siempre más beneficioso que lo que nos gustaría hacer en un momento puntual de flaqueza. Es mejor levantarse y salir de la cama temprano que quedarse dando vueltas dos horas más.
  6. Crea rutinas. Este es un aspecto fundamental para mí. La mente es muy lista y sabe cuándo la estás engañando, pero, si eres lo bastante persistente, al final ella misma te pide las cosas. Crear rutinas es la mejor forma de implantar nuevos hábitos. Levántate todos los días a la misma hora, friega los platos justo después de comer, lávate los dientes después de las comidas, escucha la misma música cuando vayas a hacer esa tarea que tanto te cuesta. Son pequeñas cosas que la mente termina asociando con algunas acciones o actividades y te facilitarán el trabajo. Mi rutina es levantarme a las 6am, hacerme una tortilla de claras, sentarme en el sofá a desayunar, ponerme Disturbed en el móvil y escuchar la misma primera canción cuando voy camino del gimnasio, con el resto de la discografía del grupo en aleatorio. Para mí, escuchar mi grupo favorito significa que voy a hacer ejercicio y mi cabeza ya lo tiene asociado. Eso me evita pensar en cualquier tipo de excusa.
  7. Crea estrategias para evitar las excusas. Siempre hay algo que nos apetece más hacer que lo que nos toca, pero hay que saber decir que no y avanzar. Intenta buscar la manera de que ninguna excusa (a no ser que sea de fuerza mayor, por supuesto) te impida cumplir con tu deber. Busca una recompensa, un beneficio o algo que te empuje a hacer eso que no te apetece. Estoy segura que en cuanto empieces, no querrás parar y los beneficios al concluir esa actividad serán mucho mejores que si no lo hubieras hecho.

Espero que este artículo os haya servido para ver la importancia que tiene la disciplina en nuestro día a día y como es posible llegar a conseguir grandes cosas si somos disciplinados. Para mí, la disciplina es un aspecto fundamental en mi vida si quiero llegar a ser lo que me he propuesto y, aunque a veces cueste un poco, sé que los beneficios son mucho mayores que las desventajas y que no hay nada como la satisfacción por el trabajo bien hecho. ¿Y vosotros? ¿Sois disciplinados? ¿Tenéis algunos trucos más para hacer lo que debéis? Contádmelo en los comentarios. 😉

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